Caminante, no hay camino… como el Camino de Santiago

Vive la experiencia del Camino de Santiago francés
5 juillet 20194 min de lectura
Camino de Santiago

Lo bueno del Camino de Santiago es que hay tantas rutas como peregrinos. El que busca ese aire místico de las peregrinaciones medievales lo encuentra. Si quieres despertar tu lado espiritual, solo tienes que echarte la mochila al hombro y vivir un viaje de recogimiento para encontrarte a ti mismo. Sin duda, el Camino es fascinante, y ahorra muchas visitas al psicólogo.

Camino de Santiago francés

Pero el Camino es algo más que una ruta de peregrinaje. Los senderos que conducen a Santiago ofrecen mucho más que las bendiciones del apóstol. A la experiencia religiosa inherente a las rutas jacobeas, hay que sumar el componente lúdico, natural, gastronómico, histórico, artístico, cultural… Suena genial, ¿verdad? La escapada definitiva si quieres vivir una experiencia integral.

Y de todas las rutas que puedes elegir para vivirla, el Camino francés es quizá la mejor. Es magia pura: paisajes norteños, prados verdes, bosques frondosos y pueblos con encanto. Hay parajes en el ‘camino de los francos’ dignos de un cuento de hadas (y de un story para el Insta), y nunca falta un alojamiento rural donde sentarte a la mesa para compartir un menú tradicional.

La ruta perfecta para unas minivacaciones

Bien acompañado

Sí, compartir. El Camino es un constante ir y venir de peregrinos que tienen algo que contar. Son desconocidos que terminan tocándote la fibra, y que se llevan parte de ti, sobre todo si terminas cenando con ellos. Cuanto más te acercas a Santiago, más fuerte es esta conexión con los demás. Puede que sea por la emoción de acabar el Camino, aunque la cocina gallega tendrá algo que ver.

La única forma de comprobarlo es haciendo hueco en tus vacaciones de verano. Una semana basta para experimentar la magia de las últimas etapas del Camiño francés. Verás lo bien que entra un caldo gallego y unas filloas después de una jornada de ‘senderismo jacobeo’. Pruébalo: siete días increíbles y seis noches descansando en un alojamiento rústico. No hay mejor medicina contra la rutina.

Desde Sarria a Santiago

Portomarín, Camino de Santiago

El Camino francés cuenta con 37 etapas, pero las seis últimas bastan para sacarle todo el jugo al Camiño. Puedes partir de Triacastela o ir directamente a Sarria, pasarte por la Merced (¡un convento que sigue de pie desde comienzos del siglo XIII!), descansar en una cama enorme y poner el GPS dirección a Portomarín después de tomarte el desayuno de los campeones.

No es un decir, hay que desayunar bien para cubrir los 13 kilómetros que separan Sarria de Portomarín. Pero no te preocupes, el cansancio no hace mella en esta etapa, con una paradita para comer junto al Miño. Las calorías de un desayuno recio sí que hacen falta en el tramo que va a Palas de Rei, mucho más empinado. Pero el esfuerzo en el Camino siempre tiene su recompensa.

Después de la pendiente de Ligonde, se agradecen las vistas de los prados de Ulloa y de sus pazos. Pero el peregrino no vive solo de paisajes, y los quesos de la Galicia rural se aprecian más si cabe en estas tierras. Por no hablar de la carne de ‘rubia’ y los productos frescos de la huerta. Menudo homenaje te puedes pegar con tanta materia prima de calidad, ¡y sin remordimiento que valga!

Palas de Rei, Camino de Santiago

A estas alturas del Camino, no te puedes lamentar por comer como un rey. Estás en Palas de Rei y hay que hacer honor al nombre… y recargar pilas para hacer frente a la etapa más larga de la semana, la que conduce a Arzúa. Si te da tiempo, haz una visita al castillo de Pambre y tendrás la jornada ‘regia’ al completo; pero descansa, que te esperan casi 30 kilómetros de desniveles.

No nos vamos a engañar, la etapa Palas de Rei - Arzúa es bastante exigente, una de esas fases que ‘rompen piernas’. Pero no es nada que no se pueda superar con un paso tranquilo, parando en cada rinconcito para tomar aliento y disfrutar de algunas joyas del patrimonio gallego, como el cabazo de O Coto (junto al templo centenario de Santa María) o el Museo da Terra de Melide.

Plaza del Obradoiro

Después de superar el reto de Arzúa, toca relajarse y disfrutar de las dos últimas etapas. Son relativamente cortas y muy asequibles para las piernas (algo que se agradece después de varios días caminando). Parece mentira que el apóstol esté tan cerca, y el encanto de Casas Reais, y la música callejera del Arco del Palacio, y el ambiente del Obradoiro, y ese pedazo de catedral románica que rebosa arte por los cuatro costados.

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